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publication • Jueves, Febrero 8th 2018

Devocionales

Ayuno Solidario 2018

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Cuán importante es ver crecer a una generación, ser testigos/as de lo que ocurre en un continente como América Latina y el Caribe.

No cabe duda de que algunas cosas están fuera de control y que los estados mismos no encuentran el modo de superar problemáticas como la violencia en todas sus expresiones. La violencia ocupa titulares de periódicos, revistas y noticieros televisivos y en la Internet; se cuela en las redes sociales y azota el corazón de muchos niños, niñas, adolescentes y jóvenes.

Es el látigo que golpea el alma de in nidad de vidas inocentes; es el grillete que estanca el desarrollo pleno de pequeños y pequeñas; es el grifo de sangre en el que se fuga la esperanza de muchas familias de este continente. Pero, algo pasa en América Latina a partir del trabajo de quienes creen en Jesucristo y luchan día a día por llevar buenas nuevas por todos los rincones de este continente. Es cierto, aún queda mucho por hacer para sensibilizar a los líderes de fe que permanecen indiferentes o evasivos con repecto a la realidad social que los rodea; pero, también, muchas personas se comprometen cada vez más con contextualizar el evangelio con el n de ofrecer respuestas ante los profundos desajustes estructurales de una realidad excluyente y violenta.

La iglesia de Jesucristo, en sus distintas expresiones, sigue anunciando el Reino de Dios: la posibilidad concreta de una transformación profunda del individuo y la sociedad para estos tiempos de crisis. Millones de niños y niñas de la región crecen tomados de la mano del evangelio, y así se alientan a no desmayar y a con ar en la llegada de un nuevo tiempo de ternura y abrazo para quienes sufren: la construcción de relaciones profundas de amor y reconocimiento de la dignidad de cada persona. En cada niño, niña, adolescente o joven se engendra un fruto de amor: la cosecha está lista para colmar los campos, y para que resplandezcan por toda la región. Por eso, es preciso que limpiemos el contexto, quitemos la mala yerba de violencia, y todo aquello que limita el potencial de la presente generación, para que su fruto nazca sano, limpio, fresco, capaz de germninar la ternura y el amor en cada hogar, y de desarrollarlos en cada corazón de América Latina y el Caribe.