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article • Miércoles, Julio 12th 2017

“Lo imposible se hizo posible”

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Marianny Otaño, de 17 años, representará a República Dominicana en el Campeonato Mundial de Atletismo Sub-18, que se celebra del 12 al 16 de julio en la ciudad africana de Nairobi, Kenia. Otaño, quien ha corrido en Haití, Curazao, Puerto Rico y Cuba, competirá en el evento 100 metros con valla. 

A la edad de 12, inició en atletismo en su pueblo natal de Jimaní, provincia Independencia: “Empecé entrenando descalza y con ropa inapropiada. Entrenaba en jean, con lo que tenía en el día. Corríamos en una cancha de fútbol. Me molestaban muchísimo los pies porque había piedrecitas, gravilla y no tenía zapatos para entrenar. Los únicos zapatos que tenía eran para ir a la escuela”, revela.

Marianny Otaño entrena descalza en el Estadio Olímpico Félix Sánchez de República Dominicana.

Otaño ha vivido sucesos “muy difíciles” que le acompañan en su vida. Pese a eso, se mantiene unida a su familia, compuesta por sus padres y cinco hermanos, que son, según dice, lo más importante para ella.

Llegué al atletismo por mi hermano Yasmani, el mejor hermano del mundo. Mi inspiración. Él era atleta y yo lo admiraba. Él competía y traía medallas. Luego… mi niñez fue muy dura, y desde que empezaba a entrenar todo era diferente, te olvidabas de todo”, cuenta.

En la actualidad, Otaño ostenta récord nacional juvenil en el evento 100 metros con valla: “El deporte me enseñó disciplina. Me ha enseñado a ganar, me ha enseñado a perder, me ha enseñado a levantarme cada vez que me caigo. He aprendido a perder siendo feliz, a perder pero no sufrir por perder. La vida de un deportista no es fácil. Tenemos que alejarnos de fiestas por entrenar, de reuniones familiares por entrenar, de ir a lugares con amigos por entrenar”.

Otaño calienta antes de correr.

Siendo menor de edad, se estableció sola en la capital, a 260 kilómetros de su familia, “todo por un sueño”.

Otaño pertenece a la Fuerza Aérea de República Dominicana, en donde compite por la institución en juegos civiles y militares: “Mis padres no tienen dinero suficiente para ayudarnos. Mi hermana y yo los ayudamos a ellos, pues nosotras somos de la Fuerza Aérea y nos pagan como militar. En el Centro Olímpico nos abrieron las puertas de un comedor. Con el dinero de la Fuerza Aérea cubrimos nuestras necesidades básicas y ayudamos a papá y a mamá”.

Su hermana, Martha Méndez, tiene 16 años y también representará al país en el Campeonato Mundial de Atletismo Sub-18, en los eventos 100 y 200 metros lisos. Ambas viven juntas.

Nuestra relación es muy buena. Yo traje a mi hermana para acá. Mi hermana empezó a practicar atletismo dos años después de mí. Yo vi en ella un potencial. Yo vi en ella talento y dije: “Yo quiero ser grande, pero mi hermana también tiene derecho a ser grande”. Siempre me preocupo de si cometí un error hoy, de que mi hermana no lo cometa mañana”, afirma.

In the photo, from left to right, sisters Martha Méndez and Marianny Otaño. Both will represent the Dominican Republic at the U18 World Championships in Athletics.

En mayo de este año, Otaño viajó a Cuba para clasificar y poder ir al Campeonato Mundial. 

En Cuba crecí mentalmente como atleta. Me encontré conmigo misma. Descubrí más allá de quién soy, de lo que puedo lograr. Dominar mi mente. Aprendí lo que era realmente correr 100 metros con valla. No es solo decir voy a correr 100 metros con valla. Eso es algo que debemos tener aquí dentro, hacerlo con mucho amor”, asegura.

Relata una de las experiencias más decisivas de su vida: “Los atletas juveniles corremos con vallas a 76 cm, o sea, un poquito más bajas que las superiores. Yo iba a Cuba a buscar marca con competidoras de mi categoría. Las competidoras de Cuba ya habían hecho todas sus marcas, entonces ya no podía competir en la categoría menor y no podía correr sola. Cuando llegué allá me dijeron que debía competir con la valla alta. Al principio me desanimé un poco, perdí la fe, pero mi entrenador me había escrito: “poder, creer y realizar”. Yo guardé eso en mi mente y  dije: lo voy a lograr. Voy a correr con esa valla alta y no me importa. Mi entrenador me enseñó que los obstáculos siempre van a existir, que siempre debemos enfrentarlos con mucha fe, optimismo y yo recordé esas palabras. Cuando entré a la pista corrí, y la marca salió sola. Eso fue algo grande. Eso fue algo como que lo imposible se hizo posible”.

Otaño y su hermana fueron patrocinadas por World Vision antes de mudarse a la capital: “World Vision es una institución a la cual le agradezco muchísimo. World Vision ha estado en mí desde que yo era pequeñita. Desde mi niñez, yo recuerdo que World Vision en las navidades siempre nos llevaban regalos. Cuando llegaba la temporada de entrar a clases nos regalaban útiles escolares, uniformes nuevos, todo nuevo. Era algo que nuestros padres no nos podían suplir y World Vision hacía posible eso. También nos han animado mucho, han creído en nosotras. No solo en nosotras, sino en las demás deportistas de Jimaní”.

Ayudar a los demás es una de las mayores aspiraciones de Otaño. Por tal motivo, ansía estudiar psicología en la universidad: “Quiero ayudar a los niñitos de atletismo que van subiendo en Jimaní. Hay niños entrenando descalzos ahora mismo. No tanto como antes, pero hay. Es difícil correr descalzo. Me encantaría muchísimo una pista para Jimaní. Eso sería más motivación para los muchachos”.

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