Familias fracturadas

Jueves, Julio 19, 2018 - 19:25

Por Juan Pablo Orjuela, World Vision Colombia 

En los últimos tres años, cientos de padres y madres venezolanos se ven obligados a alejarse de sus hijos para iniciar nuevas travesías, que les permitan conseguir dinero para sostener sus hogares. World Vision habló con algunos de ellos.  

Interminables filas rodean las calles del centro de Cúcuta, ciudad colombiana que se encuentra en la frontera con Venezuela. Bajo el sol, a paso lento avanzan cientos de madres y padres venezolanos, esperando su turno para reclamar la transferencia de dinero que reciben por parte de sus familiares, residentes de países vecinos. “Llevamos dos días esperando acá para poder retirar el efectivo. Fue una semana completa para conseguir pasajes y llegar a esta ciudad; ahora nos esperan otras horas de viaje para ir de regreso a Venezuela. Todo lo que uno hace por los hijos”, dijo Richard Campos, padre de cuatro niñas venezolanas que esperan su regreso con algo de alimento.  

Richard, Padre de familia venezolano. Foto: World Vision/Juan Pablo Orjuela

“El sueldo que recibo apenas me alcanza para unos huevos y arroz. No es posible mantener así a mis hijas; una de ellas tiene apenas tres meses y menos mal que sólo hay que alimentarla con leche materna porque no hay para más”, agregó Richard, quien cada vez más se acercaba al primer puesto de la fila. Mientras esperaba, constantemente revisaba su reloj, preocupado porque tenía poco tiempo para llegar con la cena a su casa.  

A pesar de esto, contaba con más suerte que Ney, otro padre de familia que cumplía 12 horas en el mismo lugar, pero que después de terminar con la larga espera, no tendría tanto afán como Richard  porque ni sus hijos ni su esposa esperaban por él. “Hace dos meses y medio mis hijos se fueron para España. Me quedé solo acá porque después de haber pensado tanto, yo prefería que ellos estuvieran bien. Hoy estamos a kilómetros de distancia pero nos une el amor”. 

Ney, Padre de familia venezolano. Foto: World Vision/Juan Pablo Orjuela

Ney vive solo Venezuela, en el municipio de San Cristóbal, en la casa donde aún permanecen vivos los recuerdos de los años que hubo abundancia y en la que no existían preocupaciones. “Todo me cambió. Lo que más me duele es la fractura de la familia; en medio de todo uno se mantenía unido, pero se nos salió de las manos. Ahora debo sacrificarme por mí, a ver si algún día tengo lo necesario para nuevamente vivir con mis hijos”, añadió.  

Con Esperanza Sin Fronteras, el proyecto implementado por World Vision como respuesta humanitaria a la crisis que se vive en Venezuela, se espera aportar al emprendimiento de varias familias, desde un enfoque de medios de vida, con el propósito que puedan encontrar una nueva oportunidad sin necesidad de alejarse de los niños y las niñas, en muchos casos, sus principales razones para salir adelante en medio de la crisis.