Las habilidades de lectura significan empoderamiento para nosotras

Por Jean-Wickens Merone, World Vision Haití

El plan piloto de lectura de World Vision hace que las mujeres se sientan empoderadas en las comunidades rurales.

Al parecer, encantada de unirse a su gente en una clase de lectura por la tarde, Edith, de 46 años de edad, afirma con orgullo “Ahora puedo escribir mi nombre. Ya no tengo que hacer una cruz”. Como muchos otros en su comunidad, ella asiste desde julio del 2013 a una clase especial llamada ‘Madres e hijos leen juntos’.

“De niña nunca fui a la escuela”, lamenta la madre de siete hijos que recuerda el estigma que tenía que enfrentar antes de inscribirse en este programa. Ella asistía a reuniones o ceremonias de distribución y los encargados pedían a los iletrados que pasaran primero y dibujaran una equis al final del formulario, lo cual es una “vergüenza”, según considera ella.

En un esfuerzo por disminuir el número de gente analfabeta, específicamente mujeres, el proyecto piloto ‘Madres e hijos leen juntos’ está siendo implementado dentro de tres Programas de Desarrollo de Área de World Vision: Los Palis, Río Onde y Okodem, y beneficia a un total de 500 madres.

“Yo era como un vehículo sin luces”, recuerda Natacha –de 31 años, con una voz llena de emoción. La madre de dos, quien parece ser muy segura, admite que al principio sentía cierto recelo con respecto al proyecto.

“Nos tomó por lo menos tres meses trabajar con socios y sensibilizar a los beneficiarios”, recuerda Kéla Valès, Gerente de Educación para World Vision Haití. El proyecto piloto ‘Madres e hijos leen juntos’ está basado en el enfoque del Estado para lograr sacar a todos los haitianos de la oscuridad del analfabetismo, confirma Kéla. Los padres son a menudo considerados los primeros profesores de sus hijos. Esta creencia era una broma para Edith. “A menudo me preguntaba cómo podía ser la profesora de mis hijos si era analfabeta”.

“Es una bendición poder compartir con las madres lo que hemos aprendido”, confiesa humildemente Jeana, de 14 años de edad. Ella asiste al 8avo grado y está entre los veinte jóvenes capacitados para servir como entrenadores en el proyecto. Una capacitación de capacitadores que duró tres días fue organizada con el fin de garantizar el éxito de la iniciativa. “Creo que nadie debe ser analfabeta y, por ello, estoy feliz de ayudar”, afirma la niña patrocinada que recuerda que al principio las cosas eran difíciles. “Algunas de ellas no podían siquiera sostener la tiza”.  

“Si un día logro leer la Biblia antes de la asamblea en mi iglesia, lo consideraré mi mayor logro”, sueña Edith. De cualquier manera, dado el progreso que ha hecho a la fecha, este sueño será alcanzado en cualquier momento.

“Siempre me aseguro de que todo se haga a tiempo para no perderme la clase”, menciona Marline, de 30 años de edad. Ella no sólo ha adquirido la dicha de leer sino que, esta madre de dos niños, siente que ahora tiene una voz dentro de su comunidad. Esto significa para ella “empoderamiento”.