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article • Miércoles, Marzo 6th 2019

Si pudiera volver a nacer, elegiría nuevamente ser mujer

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Carolina fue niña patrocinada en México durante once años.

Por: Carolina Santos Segundo 

Cuando se es niña poco se entiende de las jerarquías, los roles de género, y las ideologías machistas que pretenden confinar a las mujeres al hogar, al cuidado de los hijos, de los enfermos, de los animales y del campo.

La infancia es una de las etapas de la vida donde la inocencia frente a estos temas, te permite ser libre hasta que la familia junto con la comunidad te corta las alas. Se dan cuenta que es necesario enseñarte de manera consciente o inconsciente la forma de pensar, de ser y de vivir de una manera tradicionalmente correcta. 

Justo esto ha sido parte de mi historia de vida y de muchas mujeres de diferentes partes del mundo.    

No recuerdo cómo nació en mí la idea de querer estudiar, soñaba con ser maestra. Mientras estaba en la primaria contaba cuántos años de estudio me hacían falta para lograrlo, me veía en el futuro siendo una mujer profesionista.  

Sin embargo, la sociedad y mi familia no esperaban esto de mí, ellos pensaban que no pasaría nada si no estudiaba, que el estudio era para mis hermanos porque ellos eran hombres. Por la situación económica, mis padres deseaban que en cuanto terminara la primaria empezara a trabajar para contribuir monetariamente en casa. No era redituable invertir en mi educación porque tarde o temprano me casaría, tendría hijos y me olvidaría de ellos, por lo tanto, valía poco la pena. 

Cuando había oportunidad de hablar sobre la herencia, me decían que cuando mis hermanas y yo nos casáramos, podríamos tener derecho a unos borregos y guajolotes; al criarlos serían nuestro patrimonio. En cambio, mis hermanos tenían derecho a los terrenos porque ellos serían jefes de familia. Esto me parece incorrecto porque la mejor herencia para una mujer es la oportunidad y libertad de acceder a la educación. Fue por eso que me aferré a este anhelo de vida, aunque me señalaran como rebelde, soñadora e irrealista.  

Foto: María Flota

En este mundo hay muchas maneras de ver, tratar y construir a las mujeres; permitiendo la existencia de patrones comunes de seres y haceres. Existe todavía una concepción equivocada de ser mujer, sin embargo, la educación me ha ayudado a cultivar mi visión crítica de las realidades de las mujeres de mi familia y de mi comunidad; determinando que no todo lo que se espera de una mujer concuerda con el respeto a su dignidad.  

Es así que considero que la educación es fundamental para las mujeres, es uno de los bienes sociales que no debiera negársele a nadie. La oportunidad de prepararme, me permitió entender que sí se puede construir un mundo diferente donde existe un valor igualitario entre las personas.

Aunque las mujeres estamos todavía rodeadas de desigualdades, la educación nos ayuda a convertir las situaciones negativas en fortalezas. Me ha invitado a ser valiente, decir lo que siento y pienso; me impulsa a defender mis derechos y los de otros, me motiva a ser cada día una mejor persona, me ha dado las herramientas básicas para reconocerme a mí misma como una mujer valiosa, a sentirme feliz por ser mujer indígena jñatro (mazahua), pero sobre todo a valorar mi vida. 

Hoy puedo decir que si pudiera volver a nacer, elegiría nuevamente ser mujer. Una vez más defendería mis derechos y mi dignidad. 

Acerca de Carolina: fue niña patrocinada en México durante once años. Obtuvo una Licenciatura en Comunicación por la Universidad Intercultural del Estado de México. Actualmente está realizando estudios de maestría. Participó en el Foro Permanente de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas en la ciudad de Nueva York. En 2017 ganó el Premio Nacional de la Juventud (Derechos Humanos) entregado por el Gobierno Mexicano. 

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